En el sueño vuelvo
a estrechar tu mano
y a acariciar la promesa.
Cada segundo de nuestra piel
es el último.
El beso del adiós es inminente
y ni siquiera nos importa,
qué importa lo demás
si estamos mirándonos,
otra vez, sin cansarnos,
como si fuera un hogar.
Hace frío, hay viento,
mi pelo se entromete
en el beso que das a mi mejilla,
porque no soy yo,
es la mejilla, es el rostro cordial,
porque no puedes besarme,
porque no hay más remedio
que besar mi mejilla, decirme adiós.
Y es lo que haces.
Yo no hago nada por detenerte.
Estoy demasiado concentrada,
en mil canciones, en mil versos
en cosas que no quiero decirte,
que prefieres no saber.
Y no quiero mirar atrás.
En el sueño vuelvo
a estrechar tu mano,
a sentir tu espalda.
Tú sonríes, te desvelas
y yo despierto.
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