La bella mujer del espejo se anuncia sublime y fatal,
intrigante, quiere desafiarlo todo.
La miel pegajosa, ojos enmarañados
y el peinado al desorden, ondulando el rostro.
Esta mujer me mira y me reprocha
esta es la otra, pero no esa otra: ella misma.
La otra que se pelea con la suplicante:
pequeña, que no eres de nadie, carita,
pequeña, que no debes ser de nadie.
Letra ausente, carne de insomnio
y mis palabras se enfrentan al espejo,
¿quién eres tú, mariposa, la que se ha cambiado el nombre
creyendo que por cada flor, hay algo diferente,
o eres la que extraña y pide: vampirízame,
sal de tu ataúd y acaríciame con el deseo oculto de tu piel fría
que se entibia en estas alas?
¿Quién eres tú, mujer del espejo,
que me miras con intriga?
El enigma de no saber lo que harás,
oprimida, quizás, por el deseo de los otros,
la va destrozando suavemente, horror.
La dependencia, la libertad.
Que mil nombres, que uno solo:
esa, mi otra yo, la fatal, que se pelea con esta suplicante...
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