Casi hay una sonrisa, al pensar:
siempre lo supiste.
No seré culpable por mi ingenuidad,
que el capullo estaba inmaduro todavía
y que no hay otra forma de despertar
más que viviendo.
Ingenua que fue tu enigma
para escapar del frío y del miedo,
para escapar...
Enigma que te revolvió los sentidos,
reubicaciones, rearticulaciones.
Ingenua que se posó en tu alma,
lepidoptera devoradora,
te ha desvelado.
Y no nos hagas sentir culpables
con esas visitas nocturnas.
Entre las cosas que más me han gustado de ti
está el no poder entender las variables que constelaron todo esto.
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