Esta arena que mira la luna
qué será de esta arena...
el frío, la brisa del mar que la erosionan tanto:
qué será de esta arena...
El verano ha vuelto con la ilusión de esperanzas olvidadas,
pero si esta arena que me compone, que se arma y que se vuelve a armar
mil veces, arena que persevera, categórica,
no fuera erosionable sino erosionante...
¡qué sería de nosotros!
Esta arena que me acaricia los ojos y me transforma en mar,
-la frivolidad se me está eclipsando o escapando para siempre, quizás-
me has nombrado arena y tienes tanta razón,
juega siempre a tener formas diferentes aunque yo no lo sepa.
Y la luna roja, dicen que es peligrosa y que te hace mortal,
me anuncia un solsticio de irrealidades profundas y rearenadas.
Sentada sobre la luna, esta arena puede ser de mil formas...
y podrá ser de mil formas pero, quizás exista para ella
un viento lejano inevitable.
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